"Recordar, repetir y reelaborar (nuevos consejos sobre la
técnica del psicoanálisis, II) (1914)". En: Las obras completas de Freud,
tomo XII".
Presenta: Joselin Shirley Idrobo
El siguiente texto tiene como finalidad
abordar el tema: recordar, repetir y reelaborar. Freud, s. (1914).
Freud inicia su texto recordar, repetir y reelaborar,
sobre las profundas alteraciones que la técnica psicoanalítica ha experimentado
desde sus inicios. Al principio en la fase de la catarsis breueriana[1],
Freud se enfocó directamente, en la formación del síntoma y hubo un empeño, de manera
consecuente, por hacer reproducir los procesos psíquicos de aquella situación a
fin de guiarlo para que tuvieran su decurso a través de una actividad
consciente.
Recordar y abreaccionar[2], eran
en aquel tiempo las metas que se procuraba alcanzar con ayuda del estado
hipnótico. Una vez que se renunció a la hipnosis, paso a primer plano la tarea
de concluir desde las ocurrencias libres del analizado aquello que él se negaba
a recordar.
Freud empieza la cura con una repetición,
tras comunicarle al paciente la variada biografía y el prolongado historial
clinico de la regla fundamental del psicoanálisis, e incitar al paciente a
decir todo lo que se le ocurra.
El recordar, en aquellos tratamientos
hipnóticos, el paciente se trasladaba a una situación anterior, que no parecía
confundir nunca con la situación presente; comunicaba los procesos psíquicos de
ella hasta donde habían permanecido normales, y agregaba lo que pudiera
resultar por la trasposición de los procesos entonces inconcientes en concientes.
En la hipnosis, el recordar ideal de lo
olvidado corresponde a un estado en que la resistencia ha sido por completo
eliminada y la cura empieza bajo una transferencia suave y positiva, esto
permite como en el caso de la hipnosis, una profundización en el recuerdo. La
transferencia misma es solo una pieza de repetición, y la repetición es la
transferencia del pasado olvidado; es por esto, que se debe estar preparado
para que el analizado se entregue a la compulsión de repetir[3],
que le sustituye ahora el impulso de recordar, no solo en la relación personal
con el médico, sino en todas las otras actividades y vínculos simultáneos de su
vida. Desde luego, mientras mayor sea la participación de la resistencia más será
sustituido el recordar por el actuar (repetir).
El analizado repite en vez de recordar, y
repite bajo las condiciones de la resistencia, repite todo lo que tiene
reprimido y se percibe con claridad sus inhibiciones y actitudes inviables, sus
rasgos patológicos y además durante el tratamiento repite sus síntomas. Lo
olvidado se limita las más de las veces, a la disolución de nexos,
desconocimientos de consecuencias, y aislamiento de recuerdos, es importante
las vivencias sobrevenidas en épocas muy tempranas de la infancia y que en su
tiempo no fueron entendidas pero se han hallado inteligencia e interpretación
con efecto retardado[4]. Ya
que el olvido de impresiones, escenas, y vivencias en el analizado se reduce
las más de las veces a un bloqueo de ellas.
La introducción del tratamiento conlleva,
particularmente a que el enfermo cambie su actitud conciente frente a la
enfermedad, la reconciliación con eso reprimido que se exterioriza en los
síntomas, concede cierta tolerancia a la condición del enfermo. El tratamiento
logra impedir al enfermo todas las acciones de repetición más significativas y
utilizar el propósito de ellas como un material para el trabajo terapéutico.
El principal recurso para dominar la
compulsión de repetición del paciente, y transformarla en un motivo para el
recordar, reside en el manejo de la transferencia, se habla de la transferencia
como el reto donde se tiene permitido extenderse con una libertad casi total, y
donde se le ordena que escenifique todo acto pulsionar patógeno que permanezca
escondido en la vida anímica del analizado.
Las reacciones de repetición, que se
muestran en la transferencia, los caminos usuales llevan luego al despertar de
los recuerdos, que vencidas las resistencias, sobrevienen con facilidad. El
vencimiento de la resistencia comienza, como se sabe, con el acto de ponerla en
descubierto frente al médico. Solo en la culminación de la resistencia, se
descubre dentro del trabajo en común con el analizado, las mociones pulsionales
reprimidas que la alimentan y de cuya existencia, y poder que el paciente se
convenza en virtud de tal vivencia.
[1] En la catarsis
breueriana el objetivo era reproducir, mediante la hipnosis y la sugestión a
ella anudada, los procesos psíquicos para tornar los accesibles, por medio de
la palabra.
[2] La
abreacción se produce al revivir la experiencia emocional que ha producido esta
represión en el inconsciente y poder verbalizar ese conflicto. Término
utilizado por Freud.
[3] Freud
ubica la repetición - compulsión de repetición - como la manera de recordar lo
reprimido y olvidado.
[4] Aquí se da el caso de que un recuerdo despierte un afecto
que como vivencia no había despertado.
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